Escudo de la República de Colombia
A- A A+

“Ya que la mujer es la razón primera del pecado, el arma del demonio, la causa de la expulsión del hombre del paraíso y de la destrucción de la antigua ley, y ya que en consecuencia hay que evitar todo comercio con ella, defendemos y prohibimos expresamente que cualquiera se permita introducir una mujer, cualquiera que ella sea, aunque sea la más honesta en esta universidad”.

Universidad de Bologna, 1377

 

Hace 123 años que Marie Curie se convirtió en la primera mujer en ganar un Premio Nobel (1903). Hace 91 años que Gerda Westendorp Restrepo marcó un hito en la educación superior del país, siendo la primera mujer en ingresar a la Universidad Nacional de Colombia (1935). Hace 10 años que la ONU definió el 11 de febrero como el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, en reconocimiento al papel clave que desempeñan las mujeres en la comunidad científica y de investigación. Y sin embargo hoy, las mujeres siguen representando sólo tres de cada diez investigadores en el mundo, según la UNESCO.

En Colombia el panorama no es muy distinto. De 13.000 científicos registrados en 2020, sólo 30 % eran mujeres, y en la UNAL Medellín, por ejemplo, de los 178 Grupos de Investigación existentes en la Sede, en 2025, sólo 33 son liderados por mujeres.

A propósito de esta efeméride, la UNESCO y ONU Mujeres, resaltaron el valor de la visibilización y el reconocimiento de las investigadoras, “para construir ecosistemas de ciencia y tecnología más inclusivos, transformadores y responsables, libres de sesgos y discriminación”.

 

Sonny Jiménez Arbelaez

Las brechas y dificultades

No es solo un asunto de números y subrepresentación. Los factores que contribuyen a esta inequidad se presentan en las estructuras sociales y académicas como los estereotipos de género, la falta de referentes y de representación femenina, la brecha salarial y de formación posgradual, además de las violencias basadas en género y otros obstáculos.

“Las consecuencias son significativas. No solo limitamos el potencial y el talento de la mitad de la población mundial, sino que también perdemos perspectivas y enfoques innovadores en la investigación, que podrían tener un impacto altamente positivo en toda nuestra sociedad”, explicó Alberto Mario Rincón, director general de L’Oréal Groupe para Centroamérica a propósito del Premio Para las mujeres en la Ciencia.

Si bien, en las últimas décadas la participación de las mujeres en la ciencia y la investigación ha avanzado y aumentado, mientras ellas representaban, en 2022, en Colombia, alrededor del 54,5 % de los estudiantes de pregrado, solo el 4,6 % realizó una maestría y el 0,2 % un doctorado, según Mineducación y el SNIES.

Manuela Arango, politóloga, docente de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Sede y especialista en temas de género y pedagogía, resalta la importancia de seguir haciéndonos preguntas respecto al desarrollo y el avance académico de las mujeres: “Y eso también hace parte de un enfoque de género: ¿por qué los hombres se pueden dedicar más a esto? Tal vez a una mujer le habrán enseñado las mismas cosas y tendrá las mismas bases, argumentos y capacidades, pero luego otros proyectos de vida también se entremezclan y no permiten que la ciencia sea la única forma de vivir su vida”.

Por ahora, pareciera que las mujeres deben elegir entre cumplir con roles impuestos o ser científicas y luchar por un reconocimiento de sus logros y sus capacidades, cuando en la sociedad olvidamos que gracias a sus investigaciones hemos podido comprender la estructura del ADN, entender mejor el universo, conocer la radiación e incluso romper la barrera del sonido.

La poca participación de las mujeres en la ciencia, no es solo un asunto de representación, sino una pérdida para la producción de una ciencia diversa que contribuya a los esfuerzos globales de investigación inclusiva y el desarrollo sostenible.

***

Hacer zoom en la ciencia STEAM

Desde su creación, en 1901, solo cinco mujeres han recibido el Premio Nobel de Física, comparadas con los más de 200 hombres que presumen este galardón. La brecha de representación femenina aumenta con respecto a otras áreas como las ciencias de la vida, humanas y sociales.

Entonces, aunque las mujeres empiezan a ocupar más espacios de formación, investigación y docencia en la academia, en las llamadas ciencias STEM (ciencia (Science), tecnología (Technology), ingeniería (Engineering) y matemáticas (Mathematics)), continúan siendo solo una de cada tres graduados, según la UNESCO. Además, una vez graduadas, las mujeres representan sólo uno de cada diez líderes en puestos de este tipo.

Para Manuela Arango, la explicación de la subrepresentación marcada de mujeres en este campo, tiene que ver con que “históricamente nos han formado de esa manera, a ser mucho más sensibles, a buscar una emocionalidad, una empatía alrededor de los procesos, pero yo no creo que esa sea tenga que ser nuestro marcador diferenciador. También los hombres pueden ser sensibles. Y por muchas formas de su formación precisamente, se han acomodado y privilegiado desde esa ‘mirada objetiva’”.

Mientras tanto, la participación femenina en campos emergentes como la inteligencia artificial, (20 % de los profesionales son mujeres) y el sector cuántico, donde menos del 2 % de los solicitantes de empleo son mujeres, exige que las discusiones comiencen a girar en este sentido.

Según un estudio de las Naciones Unidas, la mitad de los empleos actuales habrán desaparecido en 2050 y las mujeres serán las más perjudicadas por el cambio: se estima que perderán cinco empleos por cada uno ganado en la Industria 4.0, frente a la pérdida de tres empleos por cada uno ganado por parte de los hombres.

Por eso, este año, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia cambia el enfoque de las recomendaciones y la reflexión a la exhibición de buenas prácticas y soluciones existentes para construir ecosistemas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas más inclusivos.

Mientras tanto, las mujeres se enfrentan a mayores tasas de discriminación, salarios más bajos en comparación con sus colegas hombres y menos oportunidades de crecimiento profesional, en casi todas las areas de conocimiento.

El futuro de las infancias

Arango, cree que el horizonte para las mujeres en la ciencia puede presentarse desde dos panoramas: uno bueno y uno malo. El malo cuando se piensa en que “las nuevas generaciones se están alejando de la academia. Y siento que hay como un retorno conservador que ha hecho pensar que las mujeres se deben solo a la casa y que no ven en la academia un factor de movilidad social”. El bueno si se mira el “boom” de las mujeres en la investigación y en la ciencia, pero reconociendo que esa posibilidad también genera sobrecargas: “trabajar, estudiar y no abandonar sus tareas del cuidado y mucho menos que dejes de ser mamá”.

En cuanto a las infancias se estima que, desde los 6 años de edad, las niñas empiezan a percibir que los niños son más brillantes y se les facilitan más las actividades intelectuales que a ellas, según un estudio publicado en la revista Science, que evidencia un prejuicio basado en el género que termina afectando el desarrollo académico y la posterior participación de las mujeres en la ciencia y la investigación.

António Guterres, Secretario General de la ONU, dice que “debemos asegurarnos de que todas las niñas puedan imaginar un futuro en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y que todas las mujeres puedan prosperar en su carrera científica”.

Ana Carolina Chica, historiadora con estudios en gobierno y políticas públicas, y experiencia en temas de niñez y adolescencia con enfoque territorial, explica las brechas a las que se enfrentan las niñas de gran parte del territorio Colombiano, no solo las ciudades, para su desarrollo académico y su posterior ingreso a la ciencia y la investigación. Y que se acrecientan dependiendo de su lugar de residencia y las dinámicas de este:

  • Primera brecha, los roles de cuidado: “las niñas y madres siguen constituyendo la red de cuidados y de trabajos del hogar en sus casas, en sus comunidades e incluso en las escuelas”, lo que les impide el correcto desarrollo de su formación educativa, comparada con sus pares hombres.
  • Segunda brecha, el acceso a servicios básicos vitales: “en los territorios, sobre todo rurales y dispersos, una niña no puede gestionar igual su salud menstrual, está expuesta a la inseguridad alimentaria, el tema de malnutrición, y suelen interrumpir de manera permanente el ciclo de educativo”, factores que empiezan a desplazar su formación como prioridad.
  • Tercera brecha, vulnerabilidad y violencias de género: “están más expuestas a unos riesgos específicos en los territorios, como el matrimonio infantil, las uniones y/o embarazos tempranos y son más vulnerables a ser víctimas de violencia sexual en escenarios académicos y comunitarios.

Mientras estas brechas continúan disminuyendo lentamente, la ciencia, la investigación y la academia intentan avanzar impulsadas por mujeres que siguen abriendo y transitando un camino que, pese a las dificultades, empieza a reconocer sus aportes, capacidades y retos. Porque como dice la ONU, “el mundo necesita la ciencia y la ciencia necesita mujeres”.

 

10 de febrero de 2026