
Los datos oficiales de la emergencia en Córdoba contabilizan más de 200 mil personas damnificadas, una cifra equivalente a toda la población de municipios como Tuluá, Riohacha o Envigado. No es solo Córdoba: la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), totalizó que continúan afectados por las lluvias 111 municipios de 17 departamentos del país.
Muchos de ellos hacen parte de la cuenca del río Sinú, el tercer río más importante del país. Nace en el Nudo de Paramillo, en Antioquia, y recorre el departamento vecino donde atraviesa 17 municipios, incluyendo Tierralta y Montería, antes de desembocar en el mar Caribe.
El Sinú tiene una longitud de —apenas— 415 km y en cambio drena una cuenca de aproximadamente unos 13700 km cuadrados. Su valle está entre los más fértiles del mundo y, aunque mucho más pequeño, hasta lo comparan con el Nilo. Tiene dos aprovechamientos: en su parte alta y media para la generación hidroeléctrica a través de Urrá y dos plantas más. En la parte media-baja y baja para agricultura y ganadería, entre otras.
Conrado Tobón Marín es profesor del Departamento de Ciencias Forestales de la UNAL Medellín. Es doctor en Ecohidrología, magíster en Física con aplicación a física e hidrología de suelos y experto en los efectos ecohidrológicos del cambio climático y de los cambios en el uso del suelo. Además, dirige el grupo de investigación Hidrología y modelación de ecosistemas.
El profesor Tobón conversó con Unimedios para tratar de explicar lo qué está pasando en el país en emergencias como la de Córdoba.
Iniciemos por la coyuntura. ¿Cómo entender lo de Córdoba donde las inundaciones ya afectan el 80 % del territorio?
Es una problemática que se repite cada año en Colombia. Inclusive, cuando todavía no teníamos datos, estas problemáticas sucedían, no solamente en Córdoba, ni en el río Sinú. Se repite y se presenta en sitios donde nosotros no hemos llegado todavía, por ejemplo, en algunos de los valles inundables del río Caquetá y del río Putumayo. Eso se presenta año tras año, pero los indígenas conocen las áreas de inundación y no las ocupan. Y si las desean ocupar la hacen transitoriamente.
¿Entonces la zona de Córdoba siempre se ha inundado, pero esta vez fue distinto? ¿Cómo ha funcionado ese territorio?
Vámonos unos 10 mil años atrás. Desde el Holoceno el río funcionaba de una manera muy conocida y estable. En los periodos de lluvia inundaba, año tras año, extensos valles en su parte media bajan. A lo cual los indígenas nativos y posteriormente los campesinos se adaptaron a ello. Y para evitar los problemas se construyeron jarillones y canales que les permitían drenar el agua en exceso y mantener ciertas áreas en producción. Esa planicie de inundación se mantuvo por muchos años. Durante los periodos secos, los mismos nativos que estaban adaptados a las dinámicas hídricas del río aprovechaban las tierras abandonadas por el cauce en los periodos secos, que quedaban excesivamente fértiles para sembrar cultivos de pancoger, meter el ganado a pastorear, y volvían y se retiraban en los periodos de lluvia.
¿De qué manera incide la intervención y relación del hombre con estos territorios (en el caso Córdoba: Urrá, las ciudades y actividades agropecuarias) a que este tipo de emergencias sean más devastadoras, ¿pero además más frecuentes?
Desde hace varias décadas los pobladores locales se fueron extendiendo hacia los valles inundables del Sinú. No solo con cultivos, sino con ganado y construcciones, lo cual se acentuó hace unos 25 años. Específicamente cuando entró en funcionamiento la hidroeléctrica de Urrá 1.
Eso fue en el año 2000, a partir de la cual el funcionamiento del río cambió completamente. Antes de la construcción y puesta en funcionamiento de la hidroeléctrica, el río Sinú inundaba, año tras año, las tierras de Córdoba, pero las tierras bajas. Y los campesinos manejaban esas inundaciones de manera normal. Allí está la gran ciénaga del río Sinú, que hacía que almacenara agua y que ese funcionamiento fuera normal. Esa ciénaga se rompió, en parte ya, tal vez por efecto humano, pero ya no almacena tanta agua. Por lo tanto, al mantener los niveles bajos de agua, los campesinos aprovechaban esto como una oportunidad para el territorio.
¿Pero qué pasó con la hidroeléctrica? Cumplió una función, cuando se construyó, de regular los caudales del río, que, en términos generales, excepto algunos años, funcionó a la perfección. ¿En qué consiste esta regulación? Que se mantuvieron los ciclos normales de lluvia y por lo tanto las lluvias que caían en marzo, la represa ya estaba medio vacía, porque había generado desde diciembre a febrero, periodos relativamente secos y por lo tanto las lluvias fuertes entraban a la represa y se acumulaban allí los caudales. Eso hizo que aguas abajo ya no se presentaban las inundaciones esperadas cada año, entonces el agua que llovía entre marzo y mayo ya no llegaba a inundar las partes bajas de Córdoba y los campesinos se fueron adaptando a eso.
La población en general vio eso como una gran oportunidad para ocupar de manera permanente los territorios fértiles de las vegas. Y los pobladores en el caso de aquello que sucedió en 2024 y ahora en 2026, no estaban preparados ni la represa ni los campesinos para recibir esa cantidad de agua. No esperaban que llegara.
¿Qué pasó con la represa?
Voy a empezar por citar algo que el gobierno señala: "Dicha empresa [Urrá] almacenó más agua de la que debía. Eso le restó capacidad para regular el agua que alimenta el río Sinú y para evitar su desbordamiento”. Es posible asumir que la empresa encargada de manejar la hidroeléctrica supuso, basado en lo que tradicionalmente ocurría en los periodos de lluvia y verano, que enero y febrero serían meses secos. Y, por lo tanto, procedieron a almacenar aguas a finales del año pasado y a mantener la represa a los niveles altos necesarios para no quedarse sin agua para la generación eléctrica, mientras volvían otra vez los meses de lluvia. Creo que eso era lo que hacían cada año y se les cumplía, porque no llovía ni en enero ni en febrero, pero este año no fue así. Este año les llovió más de lo esperado y por lo tanto ya tenían la represa completamente a desbordar y tuvieron que dejar pasar el agua en exceso. Eso no lo esperaban aguas abajo.
¿Cuáles son los impactos en el cambio de los usos del suelo en estos ecosistemas?
Los bosques nativos, esa parte alta donde nace el río, era una parte completamente boscosa, de una diversidad hermosa por el cambio altitudinal, y por las condiciones climáticas y topográficas. Pero actualmente, desde hace varios años, los bosques han sido talados, entre otras cosas, para el tráfico ilegal, no solo de madera, sino la siembra de cultivos, entre ellos los ilícitos, que terminaron impactando esos suelos. ¿Qué es lo que pasa cuando se transforma un territorio y se empieza a utilizar para otros tipos de uso del suelo? Se disminuye la infiltración de la precipitación, lo que hace que cuando vengan los meses lluviosos, él no entre a recargar en la humedad del suelo, sino que fluye superficialmente como escorrentía y llega muy rápido a los canales de quebradas y ríos, y no solamente recarga los canales causando inundaciones, sino que con esa agua va mucho sedimento y colmata los lechos de los ríos haciendo que disminuya su capacidad de carga. Esas dos cosas, yo no voy a poner uno antes que otro, pero el manejo de la represa y el manejo de los territorios ha generado lo que nosotros estamos viendo hoy.
¿Cómo impacta el cambio climático y sus consecuencias en esa ecuación?
Lo que se nos presenta a principios del año, para el hemisferio norte, en el cual entra parte de Colombia es la ocurrencia de fenómenos extremos como el frente frío. Una masa de aire que se desplaza desde latitudes altas hacia las regiones más bajas y al encontrarse con aire más cálido y húmedo, que es lo que se presenta en el Ecuador, se provocan aumentos significativos en la nubosidad, en los vientos y por ende en las lluvias. Eso es lo que tenemos.
El frente polar frío se va debilitando, no sabemos cuándo, pero luego viene la zona de convergencia intertropical, que es normal. Esta ubicación del planeta Tierra nos supone a nosotros en el Ecuador perpendicularmente, digámoslo así, a los rayos solares. Eso hace que en dos épocas del año, en Colombia, de marzo a mayo y de septiembre a diciembre, al aumentar la temperatura, nos llenamos de nubes y nos llenamos de lluvias. En otras palabras, cuando se haya debilitado ese frente frío que nos está generando lluvias, vendrá la zona de convergencia intertropical con sus lluvias normales.
Pero no deberíamos estar diciendo en Colombia, que es un efecto de cambio climático solamente. No, también es un producto de la variabilidad. Nosotros no sabemos qué pasó hace 200 años, si llovió o no. Pero en los suelos y en los perfiles de los estudios que se han hecho, se han encontrado repeticiones de periodos de lluvias fuertes y periodos secos, es decir, tenemos un evento que pudo haberse presentado varias veces en nuestra era, desde el Holoceno hasta el Antropoceno.
Pareciera que la riqueza hídrida del país es, per se, un factor de riesgo. ¿Es así o es la gestión de esos ríos, quebradas, ciénagas y las intervenciones que hacemos allí?
Es la administración de la riqueza. Nosotros tenemos una riqueza abundante, pero la estamos despilfarrando. No la administramos. Decimos que es un país rico hidrológicamente, pero no conocemos los ciclos de las regiones, no cuantificamos. No la estamos conociendo, no la estamos monitoreando y por ende no la manejamos, es decir, no hay gestión. Y cuando hablamos de gestión de recursos, en este caso hídricos, la primera parte que tiene que ver con la gestión, es la medición. Saber qué es lo que vamos a gestionar. Eso no lo hay en el país. Y hay que empezarlo.
Claro, me mostrarán en algún momento: “Profesor, mire que sí la hay”. Me mostrarán cómo se comporta el caudal del río Magdalena y del río Cauca. Y muéstrenme cómo es el sur del país en precipitaciones y clima, cuánto se evapora. Me están mostrando la información de los aspectos que consideran más importantes (...) es tan importante un campesino como cinco mil. Entonces, ¿dónde está esa información?

Profesor Conrado Tobón Marín
¿Qué es lo que sigue faltando para administrar y gestionar mejor el recurso hídrico?
En Colombia necesitamos más datos, toma de datos con respecto al clima, a los suelos, necesitamos más información, no solamente de los principales ríos, sino del territorio nacional. Hoy los datos se volvieron muy importantes. Se necesita que refuercen el IDEAM para que pueda montar una estación de lectura de imágenes de lo que está pasando, para que nos dé con tiempo información que nosotros podemos usar. Si bien en el trópico tenemos un problema bien claro de que el clima se comporta un poco caóticamente y entonces no podemos hacer predicciones como hacen los climas templados, pero sí nos podemos aproximar. Si la represa y el país hubiesen tenido esa información sobre el comportamiento del frente frío y que iba a desencadenar lluvias como es esperable, otra cosa pudo haber pasado. La otra parte es para quienes administran el Estado. Escuchen, ustedes tienen universidades que desarrollan investigación interesante y tenemos resultados. Vengan, utilicen nuestros conocimientos.
¿Cómo entender el cambio climático y en el uso de suelos, en un país como el nuestro, con mucha diversidad de ecosistemas, pero también unas falencias en la implementación de las políticas públicas de prevención, gestión y monitoreo del riesgo?
Lo que se ve es una deficiencia, una ceguera en la planificación territorial. Esas dos cosas contrastan: la falta de planificación y una ocupación descontrolada del territorio y la falta de manejo controlado del agua. Otro de los aspectos que falló es que en el país tenemos una pésima red de estaciones meteorológicas. Medimos el caudal, que es un producto de las lluvias, pero no estamos midiendo las lluvias. Aquí está ese cuento de que vamos a manejar los desastres. No, aquí tenemos que cambiar a prevenir los desastres. No se ha dado ese paso de organizar el territorio alrededor del agua. Si Colombia es un país rico en agua, ¿Por qué no la gestionamos y ponemos el agua como un eje de ordenamiento territorial?. Esa es una de las propuestas que como académico y científico le tengo al país. Ordenar el territorio. Esto es una idea que venimos trabajando varios académicos hace unos 16 años. Colocar el agua como un eje central de ordenamiento territorial sería muy provechoso y eso fue lo que falló en el país.
¿Cómo debería hacer el país la adaptación al cambio climático teniendo en cuenta todos estos factores y fenómenos en relación al agua?
A corto plazo: que el Estado atienda la emergencia para que no ocurran muertes y que no vengan enfermedades posteriormente a esto.
A mediano plazo: mantener la observación. No sobre los caudales, sino sobre las lluvias y el clima. No solo en la cuenca, sino en todo el Pacífico, en el Atrato está pasando lo mismo y no nos hemos quejado. ¿Y quién sabe cuántas cosas de estas están pasando hacia el Amazonas? Es decir, hay que hacer un inventario total del país de cómo está funcionando, para que eso nos sirva. Iniciar un monitoreo de las lluvias y del clima para prevenir nuevas inundaciones fuertes, porque ya sabemos que viene la época de lluvias.
Y a largo plazo: de acuerdo con lo que nos digan las mediciones, que el Estado escuche la academia y la investigación porque nuestros resultados son para ponerlos en práctica y entre todos nos congregamos alrededor de los territorios. Eso es llamado adaptabilidad, tanto a cambio climático como a cambio del uso del suelo, que empecemos a generar barreras de atención ante estos desastres para dar soluciones. Especialmente en este caso, soluciones basadas en la naturaleza.
17 de febrero de 2026