Hace más de seis décadas que la mujeres ejercimos por primera vez el derecho al voto en Colombia (1957), desde entonces, el país ha transitado lentamente hacia una mayor presencia femenina en los cargos políticos. Sin embargo, luego de las elecciones de este 8 de marzo, y a propósito de la fecha, es necesario preguntarse si los avances normativos son suficientes y si los porcentajes de participación obligatoria en las candidaturas comienzan a quedarse cortos.
Las mujeres habilitadas para votar en el país representan alrededor del 51 % en cada jornada electoral. En las elecciones legislativas de 2018 eran más de 18 millones, en 2022 más de 20 millones, y en 2026 más de 21 millones. Pero esa mayoría de mujeres votantes no se ve reflejada en los cargos de representación.

Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil
En cuanto a las candidaturas las cifras avanzan. Según el informe Más mujeres, más democracia: soluciones para ellas, elaborado por la Registraduría con ONU Mujeres, en estas elecciones al Congreso las mujeres representaron el 40,9 % de las candidaturas, pero solo 3 de 16 listas al Senado eran paritarias. Además, ser candidata, no es ganar una curul.
Si analizamos los resultados de las tres elecciones legislativas más recientes, el mejor avance ocurrió entre 2018 y 2022, donde las mujeres pasaron de 23 a 32 curules en el Senado y de 32 a 55 en la Cámara de Representantes. Es decir, empezamos a ocupar un tercio del Congreso. En 2026 esa proporción se mantiene estable.
Los resultados preliminares de las elecciones legislativas del pasado domingo, con más del 99 % de las mesas informadas, indican que entre 31 y 32 de los 102 escaños del Senado serían ocupados por mujeres, la misma cifra de 2022.
Cuotas y paridad: avances que no han sido suficientes
La profesora Doris Gómez, politóloga, comunicadora social y periodista, especialista en Gestión Empresarial y magíster en Ciencia Política, experta en temas de género y docente de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la UNAL Medellín, explica que estos avances son importantes, pero no han resuelto la desigualdad estructural en la representación política:
“Estamos en un momento muy interesante porque lo que deja ver la información inicial de estos conteos es que llegamos más o menos a ese techo. Hice la cuenta y vamos como en un 30 % en el Senado”, explica.
En las últimas décadas Colombia ha adoptado varias normas para ampliar la participación política de las mujeres. La Ley 581 de 2000 estableció una cuota mínima del 30 % en altos cargos del Estado; la Ley 1475 de 2011 trasladó ese principio a las listas electorales al Congreso; y la Ley 2424 de 2024 amplió la obligación de incluir mujeres en las listas en la que antes no aplicaba la cuota del 30 %, además se aprobó una norma que promueve la paridad y la alternancia en las listas (lo que se conoce como listas cremalleras).
“La cuota del 30 % ya no es suficiente, incluso la del 50 % tampoco lo es si no se incorporan otras acciones dentro del sistema político para que la participación sea real y más efectiva. Entonces es: candidatizar a más mujeres, formar a más mujeres para que se candidaticen”, dice la profesora Gómez.
Para la académica, estas desigualdades no se solucionan únicamente desde lo normativo, se necesita también un avance cultural y político para garantizar que existan condiciones reales para que las mujeres, con sus interseccionalidades, puedan competir en igualdad.
Nuevas bancadas, mismas brechas
La representación femenina en los cargos públicos, tanto en el legislativo como en el ejecutivo, ha empezado a figurar en las dos últimas décadas. La primera mujer en presidir el en el Congreso fue Nancy Patricia Gutiérrez (1999); apenas en 2015, Claudia López fue elegida alcaldesa en la capital y en 2018 Martha Lucía Ramírez se convirtió en la primera vicepresidenta del país. Hasta ahora Colombia no ha tenido ninguna presidenta.
Hoy, la nueva distribución de curules del Senado, que asumirá el próximo 20 de julio, evidencia el porcentaje de representación que se ha alcanzado, pero también diferencias entre partidos en materia de representación femenina.
Lo dice mejor la profesora Gómez, de la FCHE: “No todos los partidos, ni todas las corrientes políticas están interesadas en que hablemos con enfoque y perspectiva de género. Esa sociedad patriarcal y androcéntrica le es favorable a las agendas de muchas organizaciones políticas”.
Según los conteos preliminares, el Pacto Histórico concentra la mayor presencia de mujeres con 13 senadoras de un total de 25 escaños, entre ellas Carolina Corcho, Isabel Zuleta, Claudia Chindoy y Mary Jurado. En el Centro Democrático, de 17 curules cinco corresponden a mujeres: Claudia Margarita Zuleta, Julia Correa Nuttin, María Clara Posada, María Angélica Guerra y Zandra María Bernal.
El Partido Liberal tiene 13 escaños, y solo dos senadoras: María Eugenia Lopera y Laura Ester Fortich. La Alianza Verde contará con una única senadora, Andrea Padilla Villarraga, frente a 10 senadores. El Conservador le dará dos escaños a mujeres y ocho a hombres. En El partido De la U: tres senadoras y seis senadores. Ahora Colombia alcanzó cinco curules, tres mujeres y dos hombres. Salvación Nacional: una mujer y dos hombres.
Cambio Radical obtuvo siete curules, pero ninguna de ellas será ocupada por una mujer.
Dos de las tres consultas interpartidistas fueron ganadas por mujeres: Paloma Valencia, en La gran consulta por Colombia y Claudia López en la Consulta de las soluciones: salud, educación y seguridad.
Más presencia femenina, no necesariamente es más agenda de género
Entonces, el aumento del número de mujeres en cargos públicos no garantiza por sí solo avances en políticas para la igualdad. Para la profesora Gómez, la representación tiene una dimensión simbólica importante, pero no suficiente: “Un cuerpo de mujer no necesariamente representa y reivindica las apuestas de las mujeres. Pero hay un asunto de representación que es importante: un niño, una niña que ve más mujeres en cargos de poder, ahí estamos empezando una transformación”.
Aun así, insiste en que la presencia debe ir acompañada de agendas y procesos de formación política. “Necesitamos más mujeres muy conscientes también de las violencias, de la discriminación, de las transformaciones que tenemos que lograr en la sociedad para que sea más igualitaria en lo económico, en lo cultural, en lo político”.
Por ejemplo, en el caso de Antioquia, solo 4 de las 17 curules de la Cámara serán ocupadas por mujeres. Mujeres que no necesariamente representan los intereses de las banderas feministas.
Violencia política y desencanto con la participación
Pero no es solo que el país no vote por las mujeres que deciden enunciarse políticas, sino que muchas desisten en el proceso. Una de las principales razones: la violencia política. La profesora Doris, lo explica desde su ejercicio: “Hay una enorme desilusión de las mujeres que hemos participado en política con el mundo de la política. Quienes participamos en política electoral salimos muy aporreadas y muchas no queremos volver a intentarlo”.
Y las cifras lo contrastan. Según el estudio 3000 voces por la democracia: experiencias de candidatas en Colombia para erradicar la violencia contra las mujeres en política, en las elecciones de 2023, el 76,7 % de las candidatas experimentaron al menos un hecho de violencia política durante sus campañas.
“El mundo de la política es un mundo muy patriarcal y muy androcéntrico. Sus reglas y sus formas han sido creadas desde lógicas muy masculinas. Para las mujeres participar allí implica adaptarse a un escenario que de entrada es hostil y violento”, explica Gómez.
Estas agresiones incluyen comentarios despectivos sobre sus capacidades, expresiones sexuales no consentidas y ataques en redes sociales. En un país donde tres de cada cuatro candidatas han sufrido violencia política y siete de cada diez reportan agresiones psicológicas o digitales durante sus campañas. La profesora sostiene que el problema no es nuevo, pero se ha intensificado con la expansión del debate político en entornos digitales.
“El acecho, el acoso, la discriminación y los insultos en el mundo digital hacen que esa violencia se expanda mucho más. Muchas mujeres, ante la inminencia de ese acoso, deciden retirarse del debate público o dejar de opinar. Eso termina haciendo que menos mujeres quieran participar en política”, explica.
La disputa por el enfoque de género no debería ser otra carga solo para las mujeres
“El escenario electoral es un escenario de disputa. Y dentro de esa disputa está también la mirada y el enfoque” y en ese sentido, según Gómez, este país debería entender, que ampliar la participación política femenina no es una tarea exclusiva de las mujeres que deciden participar en política.
Cada proceso electoral implica también una decisión sobre el tipo de sociedad que se quiere construir. “En cada elección nos estamos jugando si quienes lleguen a los cargos de elección popular van a tener en cuenta la perspectiva de género”, dice Gómez.
Con todo lo anterior, el reto no es únicamente que más mujeres lleguen al poder, sino que el debate público reconozca que la igualdad de género también es una decisión colectiva sobre el rumbo del país que como ciudadanía queremos.
Y no es solo un asunto de Colombia. Cerrar las brechas de género en el mundo, al ritmo actual, podría tardar 123 años según el Informe Global de Brecha de Género 2025 del Foro Económico Mundial. Aunque en Colombia hemos alcanzado un tercio de los puestos, seguimos fallando en representación y garantías para las mujeres en la política.
10 de marzo de 2026