
Foto: pieza de la Cátedra Medellín y la música
Salsipuedes y otras anécdotas locales del porro en Medellín
Un porro sin platillo, redoblante y bombo, no sabe a porro. O al menos eso dicen en el Caribe colombiano. Ese fue el porro que empezó a hacer Lucho Bermúdez en Argentina, bajo el nombre de la orquesta de Eduardo Armani. Un porro cachaco.
Lucho Bermúdez es la leyenda a través de la que se puede empezar a recorrer el camino de las Big Band en Medellín y Colombia, aunque para Alberto Burgos eran orquestas “con el formato Big Band, pero orquestas más pequeñas. Es decir, cuando una Big Band tenía tres o cuatro trombones, las orquestas de acá tenían uno. Cuando tenían seis o ocho saxofones, aquí teníamos tres o cuatro, pero era el formato”.
Todo esto lo contó, el pasado miércoles, Alberto Burgos: médico, investigador musical, folclorólogo y divulgador de la música colombiana, en El auge de las orquestas de porro Big Band. Lucho, Edmundo, Pacho y otros, la quinta charla de la Cátedra Medellín y la música, una alianza entre la Biblioteca Pública Piloto (BPP) y la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas (FCHE) de la UNAL Medellín, que se desarrolla todos los miércoles desde el pasado 11 de febrero.

Alberto Burgos dirigió la charla de la cátedra Medellín y la música dedicada al porro y la música tropical. Foto: Transmisión por Youtube.
Acá presentamos tres anécdotas de las muchas que conserva en su memoria Burgos y que compartió con los asistentes al evento:
El bautizo de Salsipuedes
En el barrio Robledo La Pola queda una casa famosa: la casa-taller del escultor Jorge Marín Vieco y su primera esposa, “Marujita” Muñoz. Patrimonio vivo de la ciudad, hoy es la casa museo Salsipuedes. El mismo nombre del porro que Lucho Bermúdez compuso allí.
Pero la casa fue antes que el porro. Y el nombre también. En esta ciudad se rumorea que el bautizo lo hizo el mismo Lucho, en una de las fiestas o conciertos que hizo en la casa. De ahí salen dos versiones que desmiente Burgos.
La orquesta de Lucho nunca tocó en esa casa. Él sí vivió un tiempo allí con Matilde Díaz, visitó a la familia muchas veces, y compuso: “hoy quiero gozar, quiero vivir en Salsipuedes, tierra de ilusión, donde el amor nunca se muere”, pero oficialmente su orquesta completa nunca dio un concierto allí.
Eso se lo contó a Burgos la misma Marujita y también le contó el origen del nombre.
Jorge Marín Vieco y ella vivieron primero en El Poblado, después se pasaron para Robledo Palenque y, estando ahí, les contaron de una casa que estaba muy malita, pero tenía muy buen terreno. Fueron, la vieron y decidieron quedarse con ella y remodelarla.
Un día, mientras ojeaba una revista, Jorge la vio en la portada: una casa blanca, con la fachada y los corredores llenos de arcos. Una casa de campo en Salsipuedes, Córdoba, Argentina. De ahí salió el diseño, el nombre y, diez años después, el porro.
Una genio entre los surcos: Matilde Díaz
Cuando se baila Caprichito, Porro, Fantasía tropical… suenan los surcos de discos grabados por Lucho B. y su conjunto. Y en cuyos círculos aparece, en letra pequeña: interpreta Matilde Díaz. Una de las voces más reconocidas en los diciembres colombianos, uno de los nombres que más suena a porro, una de las mujeres en nuestra música de las que poco sabemos.
Lucho Bermúdez vivió 14 años en Medellín, desde 1948 hasta 1962. Llegó con parte de su orquesta de Bogotá, aquí la terminó de armar. Ya en esta ciudad tenía dos cantantes maravillosos: Matilde Díaz y Bobby Ruiz.
Matilde se casó con Lucho y fue su cantante y compañera de vida por más de 20 años. Visitaban juntos Salsipuedes y, según Marujita Muñoz, más de la mitad de ese porro inspirado en el nombre de su casa fue escrito por Matilde. “La música es de Lucho, pero la letra en su mayoría es de ella”, cuenta Burgos.
Matilde Díaz, en opinión de Burgos y de otros más, podría ser una cantante más conocida en el continente, una de las grandes. La cantante de porros tenía una voz que en otros géneros y con otras orquestas sonaba a otro nivel. Incluso, en una ocasión pudo cantar con la orquesta mexicana de Rafael de Paz, con quien ya habían grabado María Luisa Landín, Carmencita Pernett y Toña la Negra y, a oídos de muchos, fue una de las mejores voces en esas grabaciones. Se dice que Matilde siempre destacó por su voz, pero le faltó orquesta.
Gracias al apoyo de Celia Cruz y a la Virgen de la Caridad del Cobre, pudo haber cantado en otros lugares y orquestas, pero después de dos décadas, cuando dejó de cantar con Bermúdez, ya ni ella ni su voz eran las mismas. Una genia de la canción olvidada entre los surcos de los vinilos.

Foto: Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, UNAL Medellín.
El mundo de Edmundo
Edmundo Arias nació en Tuluá, en 1925. Su papá era músico de Angostura, Antioquia, pero fue en el Valle del Cauca que se dedicó a fundar bandas musicales en cada pueblo, y por cada banda nacía un hijo en el lugar. Así, con su esposa Amelia, tuvieron nueve hijos, entre ellos Edmundo.
Cuando su padre murió, a Edmundo le resultó un trabajo en Buenaventura y allá es donde se enamoró de la música antillana y La Sonora Matancera. Después se fue para Pereira y de allá para Medellín, porque en la capital antioqueña estaban los clubes, las orquestas y las disqueras.
Medellín no lo había recibido muy bien y no tenía dónde dormir. Se sentaba en un café en Guayaquil a cabecear un rato. Ahí conoció a Arturo Castillo, compositor de “María Teresa tiene ganas de cumbanchar…”. Castillo compuso, bajo el seudónimo de Arturo Ruiz del Castillo, Pancho del Prado y otros temas. Y le ayudó a Edmundo a montar su propia banda: la Sonora Cabecenido.
Sin embargo, Edmundo no tuvo orquesta propia. Figuró como su orquesta la de Gustavo “Pirulo” Velásquez, agrandada por Edmundo, en número de músicos y fama. Más adelante conoce a los Black Star, orquesta que tampoco era suya, pero que también agrandó.
Edmundo tenía una facilidad para componer extraordinaria. Le decían el “Búho”, porque trabajaba de noche. Mantenía muchas obras listas, lo llamaban para grabar un Long Play y llegaba con “su orquesta”, pero eran 14 músicos distintos cada vez.
Juanita Bonita es su mayor gran éxito en la voz de Raúl López, pero la verdad es que lo de Edmundo no era solo el porro sino la música, y grabó Rico Caliente y Sabroso, boleros para Gregorio Barrios, e incluso compuso el bolero Evocación, que popularizó Carlos Arturo. Y el ingenio le dio para la guasca El Achilao, en la voz de Las Calandrias. Además de hacer la cumbia Güepajé al lado de Rómulo Caicedo, Edmundo compuso de todo. Pero su canción más bailada es El Mecánico, aunque no aparece como compositor en los créditos originales.
Estas anécdotas, estos “cuentos”, los compartió el también locutor al respecto del auge de las orquestas del porro Big Band, analizando el desarrollo de esas agrupaciones y su papel en la transformación de la música popular colombiana durante el siglo XX. A partir de figuras como Lucho Bermúdez, Edmundo Arias y Pacho Galán, exploró la expansión del porro y otros ritmos caribeños, así como su impacto en los espacios de baile, entretenimiento y sociabilidad urbana en ciudades como Medellín.
Próximas charlas de la Cátedra Medellín y la música
Le dejamos las siguientes charlas de la Cátedra Medellín y la música para que se programe. Son todos los miércoles, a las 6:00 p. m., en la Biblioteca Pública Piloto:
Marzo 18: La música parrandera paisa. Zahira López.
Marzo 25: Antes de Ancón. Rock and roll y nadaísmo. 1950-1970. Juan Diego Parra.
Abril 8: Medellín conoce la salsa. 1950-1970 – Conversatorio con Fruko. Modera Juan Diego Parra.
Abril 15: Del sonido sabanero al sonido paisa. Música tropical en Medellín. Juan Sebastián Ochoa.
Abril 22: La salsa en Medellín. 1970-1980. Gilmer Mesa.
Abril 29: La radio juvenil musical en Medellín. Décadas 1960-1990 – Conversatorio con Vicky Trujillo y Román González.
Mayo 6: Metal Medallo. Si quieres paz, prepara la guerra. Juan Diego Parra.
Mayo 13: Punk Medallo. La mala hierba. Conversatorio con Carlos David Bravo. Modera: Román González.
Mayo 20: Años 90. Rock alternativo y “renacimientos” sonoros en Medellín. Román González.
Mayo 27: Rap, hip-hop y reguetón. Sara Kapkin.
17 de marzo de 2026