
La entrada del bloque 24 se convirtió el lunes, durante dos horas, en un espacio abierto para rechazar la violencia, honrar la memoria y abrazar, de manera colectiva, la palabra como un ejercicio de catarsis y de resistencia.
Hablaron compañeros y amigos de Mateo, personas con las que coincidió en salones y pasillos de la Facultad. También directivos y algunos familiares que viajaron desde Yarumal en representación de sus padres. Todos con el dolor de una alerta que comenzó en rumor y que en cuestión de días escaló hasta las peores consecuencias: a Mateo Pérez Rueda, periodista y estudiante de Ciencia Política, lo desaparecieron y lo asesinaron en Briceño.
“Eso es lo más aterrador de la guerra: no solo mata cuerpos, también intenta matar la esperanza colectiva, nos acostumbra al horror, nos enseña a seguir de largo y nos vuelve indiferentes ante el dolor ajeno y nosotros como estudiantes no podemos permitirlo. Tenemos una responsabilidad histórica”, dijo Sebastián Velásquez, amigo de Mateo y uno de los primeros en alzar la voz y recordar el dolor de perder a un integrante de la comunidad universitaria.
De la idea de lo aturdidora que es la guerra también habló Óscar Calvo Isaza, decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas:
“Pienso que ese amor y esa sed de justicia, de pedir por la dignidad humana y que cese la violencia, nos implica con otras personas que no son de esta comunidad, sino que están en todo el país sufriendo las consecuencias del conflicto y de la guerra y que para ellos también deben estar nuestros pensamientos. Que no se nos olvide que aún viviendo en la ciudad seguimos teniendo muchos territorios y mucha gente que está sufriendo, que está excluida y que requiere también nuestra solidaridad y nuestros abrazos”.

Johanna Vásquez Velásquez, vicerrectora de Sede, agradeció a quienes asistieron al homenaje por no guardar silencio frente al dolor ajeno y por recordar que la Universidad también es un espacio donde la sensibilidad, la escucha y la vida tienen un lugar central:
“La Universidad no puede resolver por sí sola los dolores históricos y estructurales, pero sí puede hacer algo profundamente valioso: negarse a normalizar la violencia. Puede abrir espacios para escuchar, reconocer y unir las voces desde distintos contextos y sostener conversaciones respetuosas y humanas, incluso en medio de tanto dolor”.
A esas palabras emotivas le siguieron dos momentos centrales del homenaje: la ofrenda colectiva en la que los participantes completaron el mandala con semillas y mensajes de condolencias para Mateo y su familia, y la lectura de uno de los textos escritos por Mateo como una forma de mostrar y honrar sus preguntas, y su pensamiento.
En un ambiente de respeto, hubo música a cargo de Walekeru y Ensamble UNAL, y un espacio de micrófono abierto donde integrantes de la comunidad universitaria compartieron reflexiones, mensajes de condolencia y recuerdos alrededor de Mateo, el periodista director de El Confidente, el integrante de la FCHE, al que actores armados silenciaron mientras perseguía una noticia en el Norte de Antioquia.
12 de mayo de 2026