
A la poetisa argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) se le atribuye una frase que bien podría resumir los dolores cotidianos con los que cargan, a veces en silencio, muchas personas: “Me habita un grito que nadie oye”.
Con la idea de poder liberar muchos de esos gritos pendientes, o emociones contenidas, y sobre todo de que sean escuchadas por profesionales, el pasado martes se realizó en el campus El Volador una actividad abierta a toda la comunidad universitaria entre Bienestar y la Escuela Nacional del Grito.
Adriana Giraldo Zuluaga, jefe de Cultura de Bienestar Universitario de la UNAL Medellín, explicó que esta actividad fue una de las primeras, pero no será la única, dentro del proyecto de inversión del Fortalecimiento de las estrategias para el reconocimiento conocimiento de las diversidades, la equidad y la salud mental en la Sede. No fue algo aislado: hace parte de una estrategia integral para hablar más y mejor de salud mental:
“Surge en esa necesidad de poder desarrollar estrategias distintas, disruptivas, en el campo de la salud mental para seguir generando una conciencia de la importancia de hablar de este tema, de poder expresar, sentir, vivir las emociones y poderlas tramitar. Habíamos querido hacía rato traer a la Escuela Nacional del Grito, que precisamente hacen como ese trabajo donde mezclan lo artístico con psicólogos, con elementos que son muy llamativos, sobre todo para los jóvenes”.

Esa convocatoria a gritar y a expresar emociones contenidas llamó la atención de muchos jóvenes en la Sede, quienes se acercaron al stand en el Ágora. Dos de ellas fueron Valentina y Juliana, estudiantes de Historia, que valoraron que la Universidad promueva este tipo de espacios:
“Fue una actividad muy liberadora, la verdad, y me parece que deberían seguir haciendo esto más a menudo porque nos ayuda a liberar nuestras emociones guardadas que no podemos plasmar en algún otro espacio que no sea en papel o que no podamos meter un grito ahí en la calle porque nos tomen como locas o cosas así. Me parece que es una muy buena actividad”, dijo Valentina.
Adriana Giraldo, de Bienestar, destacó lo disruptivo que resultó el espacio y que “no era solamente gritar por gritar y ya, sino que hubo un acompañamiento con un equipo de psicólogos”. Muchas personas después de gritar generaron otras emociones que fueron acompañadas por profesionales en ese espacio.
19 de mayo de 2026