Escudo de la República de Colombia
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Oscar es de Tumaco y aunque es del Pacífico no le gusta el pescado. A Karen, de Arauca, no le gusta trapear. A Diego, de Valledupar, le gusta la Guaracha. Sara viene de Francia y estornuda cuando come chocolate. Con timidez, nerviosismo y esa sonrisa de quién sabe que va de paseo, fueron llegando las y los nuevos primíparos al bloque 12 en la UNAL Medellín para hacer un recorrido por la ciudad.

Pero no son solo estudiantes de nuevo ingreso en la universidad, también son nuevas y nuevos en la ciudad. Con más de 100 asistentes inició el recorrido, tres buses llenos de jóvenes provenientes de Tumaco o regiones como la Amazonía, el Caribe y la Orinoquía, además de otros países, salieron del campus El Volador a conocer la urbe que ahora será su hogar.

Juan Pablo, de Casanare, ha vivido en más de ocho lugares de Colombia. Lizeth, de la Amazonía, colecciona las tapitas de las latas. A Brayan, de Putumayo, no le gusta el cuy, pero sí el conejo. Francisco es el conductor del bus y “siempre a la orden”.

Uno a uno se van conociendo y reconociendo en sus experiencias, sus miedos y la felicidad de empezar a alcanzar sus sueños académicos en la Universidad Nacional de Colombia y avanzar en su proyecto de vida.

 

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Primera Parada: una ciudad para disfrutar, pero “no dar papaya”


Marcela Angulo, hace parte de Bienestar y le gustan las tajadas quemadas. Pone al grupo a aplaudir, mover los hombros, reirse. También les pone al tanto: en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot pueden practicar deporte, asistir a conciertos, inscribirse en clases, participar de la ciclovía y también “no dar papaya”, les advierte, “todas las actividades deportivas son gratis”.

Las y los nuevos foráneos caminan con curiosidad, pero despacio. Dan los pasos perdidos, como si estuvieran reconociendo y memorizando esta ciudad al andarla. Jorge, del archipiélago de San Andrés, calza 45. Se atrevió a comprar un salpicón, pero no le gustó, no se parece al de su isla, “le echan un poco de vainas”. Así empieza su choque y también su exploración cultural, a cucharadas.

De nuevo en el bus, comparte el revoltijo con su compañero de puesto, Samuel Acevedo Hogwarts, raizal, también de la isla, al que ya no le gusta tanto el mar. Puede ser porque vino a estudiar Ciencias Políticas o por su lucha por reconocerse raizal (aunque no hable el kriol) que lee esta nueva ciudad de otra manera. Una ciudad con riqueza y reconocimiento cultural, formativa, una ciudad “con oportunidades para ser”.

Jorge y Samuel vienen de la sede de origen Caribe de la UNAL que recibe cada semestre a estudiantes del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, para que hagan parte del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (PEAMA), que busca que jóvenes de municipios de difícil acceso o con problemas de orden público, de todo el país, puedan acceder a formación profesional en la Universidad Nacional de Colombia.

Junto a la sede de origen Caribe, hacen parte del PEAMA la sede Amazonía para la juventud de departamentos como Amazonas, Caquetá, Guainía, Guaviare, Putumayo y Vaupés; la Sede Orinoquía, que agrupa municipios de Arauca, Casanare, Guaviare, Guainía, Vichada, Norte de Santander y Meta, y la Sede Tumaco para quiénes desean ingresar a la universidad y viven en los departamentos de Chocó, Putumayo, Nariño y Cauca.

Como quienes hacen hoy este recorrido, muchos estudiantes de bachillerato del país se enfrentan a desigualdades históricas dentro de la que se encuentra la académica y la formación profesional. La UNAL en todas sus sedes, reconoce esta disparidad y se ha interesado por seguir siendo la universidad del país, un proyecto colectivo de Nación, para todos.

 

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Segunda parada: emocionarse por el futuro y extrañar el pasado


Caroline Franchesca vino con otros cinco compañeros a estudiar Arquitectura desde la Amazonía. Es de Leticia y lo que más extraña es “ir en moto a comer carne do sul a Brasil o pagar una lancha de cinco mil pesos para pasar a Perú y comer chicharrón”.

Aunque está emocionada y le parecen bonitos los edificios que ve alrededor del Parque de los Pies Descalzos, en esta ciudad le han dado duro las calles, lo grande, la lejanía de todo. Dejar a su abuela y a su hermanita en Leticia, pero “es necesario, para que tengan una mejor vida”. Extraña lo cotidiano, pero la sorprenden sus nuevas posibilidades y la emociona ser parte de la comunidad universitaria.

Después de la foto grupal, Franchesca se ve y explica que le han dicho que no es de la Amazonía, porque “soy blanca y no uso taparrabos”. Menciona que este programa es una oportunidad para que sus compañeros abandonen el prejuicio sobre su región y lo que es. “Leticia también es una ciudad, solo que más pequeña”, explica.


Muchos jóvenes ya conocían este parque y el centro de la ciudad que se alcanza a divisar a lo lejos. Ya habían venido alguna vez a Medellín, pero pocos sienten tranquilidad. No es solo la novedad de la ciudad, es también entrar a la universidad.

Desde Bienestar explican que para eso es el recorrido por la ciudad, para alcanzar dos objetivos: “Que los nuevos estudiantes puedan empezar a tejer redes de apoyo, que hagan amigos. Y que conozcan y empiecen a ubicarse en la ciudad”.

 

Tercera parada: recorrer la ciudad para entender el país

Oscar, que viene de Tumaco, decidió estudiar en esta sede porque Medellín es su ciudad favorita desde que vino por primera vez en 2018. Ahora vive con una tía en Manrique. Le emociona ser parte de esta ciudad y poder decir que estudia en la Universidad Nacional, después de intentar pasar el examen durante dos años.

Desde el Cerro Nutibara y mientras camina por el Pueblito Paisa, dice que extraña la salsa choke y el mar, pero que igual le encantan las montañas que ve y la música que escucha acá, aunque uno se imagina que se refiere al reggaetón y no a los trovadores que los entretienen en el Pueblito.

Así como en ese lugar los paisas presumimos con casas coloniales esa Medellín del pasado con trovas en lugar de reggaeton y carrieles en lugar de Valenciaga. Las cosas a veces no son lo que parecen. Y a Oscar le preocupa que algunas personas sigan diciendo que “somos unos consentidos a los que nos dan todo regalado”, sin entender la realidad de lo que es PEAMA, sin entender la realidad de lo que es Colombia.

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Última parada: la universidad de Colombia

La última estación del recorrido, antes de regresar al campus, es el Parque de los Deseos o de la Resistencia, dos palabras que seguramente acompañarán el resto de la vida universitaria quienes hicieron parte de este recorrido.

Zaira y Christelle vienen de Trujillo, Perú. Les recomendaron venir a Medellín y escogieron la UNAL porque “es una de las mejores universidades de este país. Y también por todo lo que ofrece además de lo académico”.

Les gusta que, en la Medellín que conocen hasta ahora, “todo es verde”. De su país extrañan la causa y el combinado, pero llevaban años queriendo conocer esta ciudad. Su mamá no estaba muy de acuerdo, le daba miedo por “peligrosa”. Pero a ellas les ha parecido increíble, además “las personas son muy cariñosas y muy amables”.

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En este recorrido, no solo conocieron la ciudad, sino a personas de todo el país. Al subirse por última vez al bus, quienes ahora hacen parte de la población universitaria, se sienten un poco menos extraños en esta ciudad, en esta universidad. Y un poco menos solos y solas. Ya no eran los otros en el bus, eran Mariana de Francia, Juan Pablo de Arauca, Geraldin de Valledupar…

Eran oficialmente parte de la comunidad académica de la UNAL Medellín y parte de PEAMA, un programa que reconoce que en algunas zonas del país, el acceso a la educación profesional, en algún momento de la vida, parece imposible para jóvenes como Franchesca, Oscar, Samuel y Jorge.

 

 

3 de febrero de 2026